El Abasto, zona tanguera por excelencia, es el mayor homenaje
a Carlos Gardel y parada inevitable de su luna de miel en Buenos
Aires.
Hablar de Buenos Aires, también lo es hablar de Jorge Luis
Borges. Y para que su luna de miel en Buenos Aires no esté
inconclusa, pueden visitar la casa natal del poeta. Desde allí
deben visitar la vieja Facultad de Filosofía y Letras, donde
Borges dictaba su cátedra de literatura inglesa y la antigua
Biblioteca Nacional. Muy cerca la calle Serrano donde creció
Borges, inmerso en un mundo de dos lenguas: el castellano y el inglés
de su abuela. Allí escuchaba los relatos de antiguos episodios
militares en los que participó su abuelo y que inspiraron
algunos de sus poemas. La próxima parada debe ser la Casa
de Xul Solar, que ofrece un acercamiento pictórico al mundo
borgeano. Este excéntrico pintor, astrólogo e inventor
de lenguajes ocultistas y de un ajedrez de 48 piezas, era admirado
por Borges.
Pero la Buenos Aires cosmopolita también tiene su rincón
Zen… por esto, es necesario que su luna de miel en Buenos
Aires incluya un paseo por el Jardín Japonés, una
muestra fiel del diseño milenario asiático y un espacio
de contemplación para alcanzar el nirvana. Un activo centro
de cultura japonesa abierto a toda clase de visitantes. Fue construido
como un homenaje a la visita de los príncipes herederos de
la corona japonesa.
Pero sin duda, lo que es imperdible en su luna de miel en Buenos
Aires son los múltiples secretos que se agolpan en los rincones
porteños de Palermo, Belgrano, Núñez, Constitución,
Parque Patricios y Pompeya. Entre los más conocidos, un paseo
por el Pasaje Bollini, el de la Piedad, el Rivarola y otras callecitas
inconclusas.
La sobriedad de la Avenida de Mayo, la elegancia de Santa Fe, el
lujo de la Avenida Alvear y los restos bohemios de Corrientes bien
podrían definir gran parte del alma de Buenos Aires.
En Barrio Norte está el llamado Rue des Artisans, con galerías
de arte, casas de antigüedades, locales de muebles y hasta
un taller de diseño e indumentaria. En sus orígenes
tuvo forma de ele, pero una disputa familiar dio como resultado
el paredón que los separa y divide sus estilos, italiano
y parisino.
Los limoneros desprenden su aroma, que se confunde con el de variadas
plantas y flores, mientras el canto de los gorriones flota en el
aire evocando la placidez de las siestas de provincia. Y sin embargo,
esta bucólica escena tiene lugar a sólo tres cuadras
del microcentro. Allí, frente a la iglesia Nuestra Señora
de la Piedad del Monte Calvario, se encuentra el Pasaje de la Piedad,
uno de los más hermosos y tradicionales de la ciudad. Con
su forma de herradura, su estilo barroco italiano y su aire parisino,
este mágico hueco de Buenos Aires es un verdadero oasis de
paz y belleza, imperdible en su luna de miel en Buenos Aires.
El Pasaje Rivarola es una muestra antológica de la arquitectura
secreta de Buenos Aires. Como en un efecto de espejo, muestra a
lo largo de su única cuadra frentes idénticos. Cada
fachada, desde las vidrieras de los locales y las entradas de los
edificios hasta las cúpulas de las esquinas y los balcones,
tiene su correspondiente réplica en la vereda de enfrente.
En sus veredas el local que más llama la atención
es una antigua relojería conocida como “La Chacarita
de los relojes”. Visitada por coleccionistas de todo el mundo,
es un auténtico santuario en cuya vidriera yacen apiladas
y colgadas piezas oxidadas de todos los tiempos, variedad y orígenes.
En su luna de miel en Buenos Aires podrá descubrir las historias
y misterios que guardan los pasajes porteños, el silencio
verdadero imposible de sentir en el resto de la ciudad. En ellos,
Buenos Aires detiene su marcha frenética y rabiosa y adquiere
la calma necesaria para equilibrar su sistema nervioso y replegarse
en una intimidad de ensueño.
Sin dudas, su luna de miel en Buenos Aires le permitirá
develar el encanto de sus infinitos secretos.
|