El peso de este hielo duro y espeso provoca la erosión
del fondo del glaciar y las paredes laterales, con el consecuente
arrastre de rocas erosionadas: en los lugares donde el glaciar se
derrite, las rocas se acumulan y forman la llamada morena. Por otra
parte, a medida que los glaciares avanzan se produce un desgaste
en las rocas, lo que origina una suerte de polvo que queda suspendido
en el agua: según la incidencia de la luz, este fenómeno
–llamado “leche glaciar”– hace que las aguas
se vean turquesa o verde, los mismos tonos que deslumbran en las
fotografías de los lagos de esta zona.
En su luna de miel en los glaciares podrán realizar trekking
sobre los hielos mismos del glaciar, lo cual les permitirá
conocer las grietas, sumideros y lagunitas que se forman en el glaciar.
El Calafate, a orillas del lago Argentino, es el mejor lugar para
llegar al Perito Moreno. Se trata de un pueblo pequeño pero
con encanto, descrito como un oasis verde de álamos y pinos
que contrastan con el infinito amarillo de las estepas patagónicas.
En su luna de miel en los glaciares no pueden dejar de cumplir
con un rito patagónico: comer el calafate, una baya azul
que da el nombre al pueblo y que promete a todo aquel que lo come
que volverá a visitar estas tierras. Cuenta la leyenda que
tiempo atrás, cuando llegaba el invierno, las tribus de la
zona atravesaban en carreta esta zona para buscar reparo en sitios
más resguardados, y que una vez dejaron a una anciana en
una de las chozas porque creyeron que no podría soportar
el esfuerzo del viaje. Desconsolada, la anciana lloró tanto
que se transformó en la planta del calafate, y sus lágrimas
en los frutos. Por eso, se dice que todo aquel que coma el calafate
volverá a visitarla en su solitario refugio.
Muy cerca de El Calafate, podrán llegar a la bahía
Redonda del lago Argentino, la cual les permitirá avistar
a pocos metros de las orillas parejas de cauquenes y cisnes de cuello
negro. Otro lugar imperdible a visitar en su luna de miel en los
glaciares son las Cuevas del Gualicho, cuyas pinturas rupestres
fueron descubiertas por el Perito Moreno en 1877. Se calcula que
estas obras, cuyo nombre era el de un dios tehuelche tienen unos
4000 años de antigüedad.
Sin dudas, su luna de miel en los glaciares los sumergirá
en un mundo de mágia, misterio y belleza imposibles de igualar.
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