Luna de miel en Moorea
La isla mágica
La tentación de llegar nadando a Moorea desde Tahití
se desprende de ese misterioso magnetismo que el “Lagarto
amarillo” ejerce sobre el lagarto cautivo. Su mágica
silueta, en forma de estrella, con ocho profundos valles, le valieron
el sobrenombre de pulpo (Fee).
Uno de sus grandes atractivos es su laguna de aguas turquesas,
barridas por una luz tibia y diáfana que refleja la suntuosa
armonía de los paisajes marinos.
Si incluyen el buceo en su luna de miel en Moorea, podrán
cruzarse con el grácil vuelo de la tortuga, el ballet de
las rayas leopardo o también con el traje luminoso de un
pez escorpión entre los magníficos corales en forma
de rosas que albergan numerosas especies.
El interior de la antiguamente llamada “isla de las ocho
irradiaciones” aparecerá ante su vista como un jardín
tropical cubierto de campos dorados, dado que la isla se ha especializado
en el cultivo de la piña.
Y en el corazón de este paisaje mágico, podrán
observar el cielo a través de “la montaña agujereada”,
que se eleva en los aires de la tarde como una aleta de tiburón
en pleno océano. ¿Excentricidad natural o herencia
involuntaria del semidiós Pai que atravesó la cumbre?
Una cosa es segura: el monte Mou’a Puta, al igual que las
cascadas de Afareaitu o de las célebres bahías de
Opunohu y de Cook, los harán sentir que su luna de miel en
Moorea es parte de la magia.
Aunque cuenta con numerosas infraestructuras turísticas
(hoteles, alojamientos de todas las categorías, restaurantes,
y bares, golf) Moorea no ha perdido por ellos su autenticidad que
ha convertido a esta isla salvaje y hechizada en el origen de tantos
mitos.
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